lunes, 23 de noviembre de 2009

Protesta ante la intriga del tiempo y el olvido





CHAU NÚMERO TRES

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo,
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
(Mario Benedetti)

Es la media noche, sentada frente a mi computador comienzo a sentir un fuerte dolor en el pecho, es una especie de punzada, que trae consigo muchas lágrimas y una sensación de vacío en el estómago. Recuerdo alguna vez que un tal Juan Echanove, dijo que “la melancolía es una estado de ánimo situado entre el ombligo y la lágrima”; para estar más segura le consulto al sabio de Wikipedia sobre este médico, ¡oohh sorpresa!, Wikipedia reporta que Echanove es un actor español, jamás había escuchado de él y mucho menos de sus películas. En fin, estoy enferma, pero con la definición de Echanove, construyo mi cuadro clínico:

- Nombre de la Enfermedad: Estado Severo de Melancólica
- Etiología: Decepción de amor
- Síntomas físicos: Llanto constante, fuerte dolor en el pecho y sensación de ahogo, extrañeza ante el cuerpo, mareos, dolor de cabeza, impresión de vacío en el estomago.
- Síntomas Psicológicos: Pensamiento recurrente de la misma persona del sexo contrario, fantasías e ilusiones carentes de sentido real, desesperanza.
- Tratamiento: Depende del paciente, pero se sugiere inyectar diariamente grandes dosis de olvido e indiferencia, para combatir el virus causante de la enfermedad.
- Pronóstico: Reservado. La enfermedad ha avanzado mucho, ya que la paciente no ha seguido el tratamiento prescrito.

En medio de tanto caos intento escribir para evacuar mi alma y mi corazón de este dolor. Si al menos hubiese seguido el tratamiento al pie de la letra, hoy no estaría así. Por muchos años he hecho lo contrario, he alimentado esperanzas y sueños, como aquel que riega semilla en terreno estéril y tras cada pérdida de la cosecha, justifica ingenuamente que la próxima vez, si recogerá frutos.

Hoy después de una conversación inferior a los 5 minutos con el agente de esta enfermedad, por fin me di cuenta que había sido en vano tanto esfuerzo, tanta lucha, que nunca valió la pena “estar ahí para él”, imágenes de momentos compartidos revoletean por mi mente intensificando el dolor de cabeza; mi queja como mujer, no radica en los desagradables y angustiantes síntomas actuales, ni siquiera se centra en lo perdido: tiempo, ilusiones, dinero y afectos, pues esta inversión en algún momento generó felicidad en mi vida, siendo precisamente esta dicha, el motor de los seres humano.

Mi protesta hoy es ante EL COMPLOT DEL TIEMPO Y EL OLVIDO, si ambos no se confabularan, mañana estaría riéndome de esto y buscando un sustituto masculino. Pero esta alianza maquiavélica, esfuma cualquier pensamiento de alegría y aplasta hasta las fantasías con sustitutos como Brad Pitt, George Clooney o Ricardo Arjona. Por lo pronto, hasta que el tiempo le permita a mi lánguida humanidad acariciar el olvido, el remedio será la tristeza. Por fortuna ella no está sola, la acompaña la decepción que en dosis adecuadas, suele ser la mejor defensa para que el cuerpo y especialmente para que el corazón no vuelva a enfermar por el mismo virus.

Ya son las dos de la mañana y sólo un síntoma ha desaparecido: el llanto. Emergerá nuevamente, pero toca asumirlo porque aún no se ha inventado su cura.

Releo nuevamente el poema de Benedetti, con la firme ilusión de que hoy es el último “Chau” o adiós.


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viernes, 20 de noviembre de 2009

Die - tas



Falta poco para diciembre para ser más exacto 10 días, y es precisamente la cercanía de esta fecha que me hace proclamar mi queja hacía las crueles y sanguinarias dietas, que en muchas ocasiones suelen atentar contra la humanidad de las mujeres. Y es que resulta demasiado cruel tener que rechazar un chocolate (sobre todo si eres adicta a él), por una ensalada insípida, controlar como obsesiva las calorías de los alimentos que se consumen, porque es proporcional a los kilos poco estéticos, que se almacenan en nuestro cuerpo.

Antes de que piensen sobre aquellas frases de cajón para subirnos la autoestima: “la belleza interior está por dentro” o como la canción “mira la esencia no las apariencias”, déjeme decirles que a todas o bueno al 98% del grupo femeninos, nos agobia no estar en forma, nuestra vanidad es estructural a nuestro ser, como la rabia o el enojo.

Si alguno de mis amigos leyera lo anterior, me diría que mis pensamientos son similares a las reinas de belleza, que generalmente suelen ser el chiste de nuestras tertulias ante su desmedida inteligencia y su preocupación por hechos tan trascendentales y de interés mundial, como el color del labial, el friz del cabello o la última crema anti celulitis. Si caer en estos extremos tan nefastos, me declaro absolutamente vanidosa, desde que tengo conciencia siempre he estado haciendo dietas: la del agua, el atún, la piña, o comprando todos aquellos productos televisivos que prometen medidas perfectas, pero que en vez de reducir peso, lo que disminuyen es nuestro dinero.

Si bien mi cuerpo no llega a los extremos de la obesidad, debo luchar, como el guerrero que pelea valientemente en una batalla, para mantener mi peso estable, pues mi desdicha es que la lotería genética me concedió el metabolismo de mi padre tendiente al sobrepeso, condenándome a vigilar cada alimento que consumo hasta finales de mis días, o quizás hasta que sea millonaria y pueda costearme una cirugía plástica.

Esto último es broma, le tengo pavor a las cirugías, a la anestesia, al bisturí, y a los hospitales. Lo cierto del caso es que a las mujeres nos encanta lucir bien, y no solo porque creamos que esto aumenta las posibilidades de conquista, cual pavo real enseñando sus coloridas plumas en el cortejo, sino porque es gratificante ir a comprar ropa y ver que ésta se ajusta magníficamente a nuestro cuerpo, que el espejo antes odiado, ahora es nuestro mejor amigo y que nuestra autoestima sube, como cohete por los cielos.

No vayan a pensar que hago un llamado a enfermedades como la anorexia o la bulimia como una vía para alcanzar los 90-60-90, supuestamente las “medidas perfectas”, lo que pretendo resaltar, a ver si yo lo hago juiciosa, es la importancia de una buena alimentación, hacer ejercicios, tomar mucha agua, en fin, toda aquella propaganda que muchas conocemos y que pocas ponemos en práctica, porque a veces las tentaciones, vencen hasta las más sólida voluntad y cuando esto pasa, la queja vuelve a empezar.


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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Debemos luchar, por permanecer en lugares de amor.




Hoy es uno de esos días en los que las hormonas gobiernan mis pensamientos y afectos, obviamente las lágrimas están ahí, esperando tan solo que el cuerpo sea rozado por alguien para tener la excusa de salir. Lo triste es que esta variación de mi estado de ánimo no tiene un responsable biológico -menstruación-, ni tampoco pueden atribuírsele a un externo, llámese novio, familia o amigo. Digo que es triste, porque resulta más cómodo culpar a otros de nuestro sentir, que asumir nuestra responsabilidad frente a los hechos que asumimos y que son generadores de malestar.

Hace poco una amiga me decía, que “debemos estar en lugares llenos de amor"; en medio del romanticismo e idealismo, ésta expresión encierra una sabiduría digna del más antiguo de los sabios. Es realmente doloroso sucumbir a lugares donde el ser de la mujer es vulnerado, por ejemplo el lugar donde trabajamos, vivimos, estudiamos o interactuamos; pero es más frustrante aún, seguir en estos lugares, pese a lo desagradable que pueden llegar a ser, por cobardía, ya que es más fácil decir: “no tengo más opción y por eso continuo aquí”, a vestirnos de valentía y atrevernos a volar a lugares desconocidos, pero con el alma inundada de tranquilidad.

Encabezar la lista del primer grupo, el de los cobardes por supuesto, es lo que me tiene al borde de la locura y con entradas VIP a un hospital psiquiátrico. Permanecer en un lugar de trabajo lúgubre humanamente, donde su objeto social debería ser el desarrollo de una comunidad y no el lucro propio, y con valor agregado, un jefe déspota, autoritario, narcisista y maltratante, son situaciones que violentan profundamente mi integridad, sin embargo, continúo atada a ese lugar, tan carente de amor y confort.

Aunque sé que la queja no sirve de nada, si no tomo medidas para alejarme de mi verdugo trabajo, al menos un grito, como el plasmado en la pintura de Edvard Munch es liberador. Algún día mi espíritu se ha de inundar de fortalezas, como se ha llenado el de muchas mujeres valerosas que son capaces de poner un alto en el camino y romper con lugares o relaciones que sólo dejan una sensación de vacío en el alma. Cuando eso ocurra, ustedes serán los primeros en leerlo.


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