Tras ocho intentos fallidos por escribir algo medianamente “decente”, ensayo nuevamente publicar la primera entrada del 2010 de Quejas de Mujeres. Es precisamente en este punto, donde creo que me falta el “muso” de inspiración o más estrés para tratar de concebir la escritura, heme aquí gran masoquista, quejándome de la ausencia del estrés y manifestando protestas, ante la emergencia de éste.
Me encuentro en una finca donde mi abuelito, tras una “amena conversación”, donde el padre de mi madre, recuerda sus hazañas de juventud, los nietos, hermanos y hasta mi papá, están que se lanzan a los brazos de Morpheus para dormir plácidamente en su arrullo, es que mi abuelito es medio aburridor; he contado el tiempo y lleva dos horas hablando, 120 minutos de una historia sin fin, carente de emoción y sentido…. ¡Ay Dios mío!, esto mismo dirán mis nietos cuando las arrugan me atormenten y las fuerzas me falten… pero para eso falta mucho, por lo pronto, aprovechemos este momento de tedio para sacar esta nota.
Hace más de una mes que hice una justa despedida a amores absurdos, la navidad ha pasado también, aunque no me gusta esta fecha, admitiré que esta vez la disfrute al máximo.
Todo este mes he pensado mucho sobre un tema vital para las mujeres EL MATRIMONIO. Creo que nosotras, alguna vez en la vida hemos soñado estar ante un altar, vestidas de blanco y con el príncipe de un cuento de hadas al lado. En mi caso, este sueño no fue de un día, sino de muchas noches de fantasía de quimeras rosas, donde se cree que el final es “vivieron felices y comieron perdices”.
Pero después de encuentros y desencuentros en el tema del amor, creo que esta idea del matrimonio lo que hace es subyugar a muchas mujeres. Partamos de una de los causantes de esta idea, me refiero a los cuentos infantiles. Acaso Blanca Nieves, La Cenicienta, La Bella Durmiente, si fueron felices después del matrimonio? Este interrogante no ha sido contestado, porque para muchos el fin último de una mujer o peor aún su “realización” o “felicidad” está en casarse, tener hijos y cuidar de un hogar.
Y atrás no se quedan los sabios consejos de madres, abuelas, tías, profesores y demás “expertos de la vida”, que creen que las mujeres deben casarse con un buen hombre y tener hijos, los cuales velaran por la vejez de la progenitora. Tal cual lo dice mi mamá, cuando mi hermanita y yo, le expresamos que lo mejor es vivir solteras por siempre.
Considero que el matrimonio no es malo, ya que existen parejas que se han consolidado felizmente en este sacramento. Lo nocivo es la idea obsesiva que embarga a muchas damas de ver en cada novio al padre de sus hijos, esta idea conlleva a que aceptemos situaciones desagradables a nuestra dignidad, desplantes, que justifiquemos los errores de la pareja, solo porque se tiene la convicción de llegar al altar con dicho sujeto.
Si una mujer se permitiese vivir a plenitud, disfrutar de una relación de pareja al máximo, sin la concepción de buscar a ciegas el hombre con quien llegar a la vejez, si es capaz de poner altos a maltratos, si se concentra en hacer lo que ELLA QUIERE HACER Y LA HACE FELIZ: trabajar, estudiar, viajar, o simplemente no hacer nada.
Sin ser feminista, o bueno si lo soy, las mujeres no necesitamos depender de los hombres para ser felices. Uno de mis autores favoritos Héctor Abad Faciolince dice que el dominio de los hombres hacia nosotras radica, en la posibilidad de mantenernos, y efectivamente en algunos casos este factor opera para permanecer en lugares de desamor, a costa de la felicidad.
Aunque no hay receta para la felicidad, si nos preocupáramos primero por ser felices posiblemente no habría tantas Quejas y este blog no existiría, como diría mi amado Arjona. Sin embargo, hay que reconocer, que esa falta de egoísmo en las féminas es el responsable de organizar y mantener hogares, que los hijos crezcan con buenas madres y los esposos se alaben por el modelo de esposa que dejan en su casa. Aunque esto me parece patético, hay quienes son felices viviendo de esta forma.
En conclusión estos dos meses de ausencia me dejaron claro que quiero vivir mi vida haciendo lo que siempre he soñado, hacer una maestría y viajar a Argentina, eso me hace feliz y es lo único que deseo en este momento, mis sueños de princesa y de finales felices con príncipes inexistentes sucumbieron, quiero seguir con EL EGOÍSMO de la soltería, hasta que las trampas de Cupido aparezcan, y parte de ese egoísmo disminuya, pero se mantendrá un tanto, para no permitir que mi rol de mujer se opaque o se pierda con el rol de madre o esposa.
Me encuentro en una finca donde mi abuelito, tras una “amena conversación”, donde el padre de mi madre, recuerda sus hazañas de juventud, los nietos, hermanos y hasta mi papá, están que se lanzan a los brazos de Morpheus para dormir plácidamente en su arrullo, es que mi abuelito es medio aburridor; he contado el tiempo y lleva dos horas hablando, 120 minutos de una historia sin fin, carente de emoción y sentido…. ¡Ay Dios mío!, esto mismo dirán mis nietos cuando las arrugan me atormenten y las fuerzas me falten… pero para eso falta mucho, por lo pronto, aprovechemos este momento de tedio para sacar esta nota.
Hace más de una mes que hice una justa despedida a amores absurdos, la navidad ha pasado también, aunque no me gusta esta fecha, admitiré que esta vez la disfrute al máximo.
Todo este mes he pensado mucho sobre un tema vital para las mujeres EL MATRIMONIO. Creo que nosotras, alguna vez en la vida hemos soñado estar ante un altar, vestidas de blanco y con el príncipe de un cuento de hadas al lado. En mi caso, este sueño no fue de un día, sino de muchas noches de fantasía de quimeras rosas, donde se cree que el final es “vivieron felices y comieron perdices”.
Pero después de encuentros y desencuentros en el tema del amor, creo que esta idea del matrimonio lo que hace es subyugar a muchas mujeres. Partamos de una de los causantes de esta idea, me refiero a los cuentos infantiles. Acaso Blanca Nieves, La Cenicienta, La Bella Durmiente, si fueron felices después del matrimonio? Este interrogante no ha sido contestado, porque para muchos el fin último de una mujer o peor aún su “realización” o “felicidad” está en casarse, tener hijos y cuidar de un hogar.
Y atrás no se quedan los sabios consejos de madres, abuelas, tías, profesores y demás “expertos de la vida”, que creen que las mujeres deben casarse con un buen hombre y tener hijos, los cuales velaran por la vejez de la progenitora. Tal cual lo dice mi mamá, cuando mi hermanita y yo, le expresamos que lo mejor es vivir solteras por siempre.
Considero que el matrimonio no es malo, ya que existen parejas que se han consolidado felizmente en este sacramento. Lo nocivo es la idea obsesiva que embarga a muchas damas de ver en cada novio al padre de sus hijos, esta idea conlleva a que aceptemos situaciones desagradables a nuestra dignidad, desplantes, que justifiquemos los errores de la pareja, solo porque se tiene la convicción de llegar al altar con dicho sujeto.
Si una mujer se permitiese vivir a plenitud, disfrutar de una relación de pareja al máximo, sin la concepción de buscar a ciegas el hombre con quien llegar a la vejez, si es capaz de poner altos a maltratos, si se concentra en hacer lo que ELLA QUIERE HACER Y LA HACE FELIZ: trabajar, estudiar, viajar, o simplemente no hacer nada.
Sin ser feminista, o bueno si lo soy, las mujeres no necesitamos depender de los hombres para ser felices. Uno de mis autores favoritos Héctor Abad Faciolince dice que el dominio de los hombres hacia nosotras radica, en la posibilidad de mantenernos, y efectivamente en algunos casos este factor opera para permanecer en lugares de desamor, a costa de la felicidad.
Aunque no hay receta para la felicidad, si nos preocupáramos primero por ser felices posiblemente no habría tantas Quejas y este blog no existiría, como diría mi amado Arjona. Sin embargo, hay que reconocer, que esa falta de egoísmo en las féminas es el responsable de organizar y mantener hogares, que los hijos crezcan con buenas madres y los esposos se alaben por el modelo de esposa que dejan en su casa. Aunque esto me parece patético, hay quienes son felices viviendo de esta forma.
En conclusión estos dos meses de ausencia me dejaron claro que quiero vivir mi vida haciendo lo que siempre he soñado, hacer una maestría y viajar a Argentina, eso me hace feliz y es lo único que deseo en este momento, mis sueños de princesa y de finales felices con príncipes inexistentes sucumbieron, quiero seguir con EL EGOÍSMO de la soltería, hasta que las trampas de Cupido aparezcan, y parte de ese egoísmo disminuya, pero se mantendrá un tanto, para no permitir que mi rol de mujer se opaque o se pierda con el rol de madre o esposa.
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2 Quejas:
Me imagine la escena de las añoranzas de tu abuelo y las cabeciadas de tu papá, ¡divertidisimo!. En cuanto a lo del matrimonio soy una defensora de la vida en pareja, creo que es fantástico encontrar un hombre con quien construir un futuro y contar con la estabilidad emocional y la seguridad que estos bellos especimenes nos proporcionan. No obstante si estoy segura que el matrimonio debe ser una experiencia edificante y nunca una tortura insoportable. Ya llegará el momento de encontrar tu cítrica mitad, por ahora que ¡viva Argentina! menos el futbol, y que ese sueño de princesa moderna se haga realidad.
Adri me alegra que la sentencia del matrimonio haya sido un buena experiencia para ti, ojala ocurriese en todos los casos.
Por lo pronto, gracias por tus buenos deseos, y que VIVAN Y PERMANEZCAN LOS SUEÑOS, que viva Argentina, sus churrascos, sus placeres....
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